Alucinaciones
Soñamos con los personajes de crepúsculo, fantaseamos con ellos, no paramos de pensar en teorías de qué podría suceder en el próximo libro, somos incapaces de sacarnos a nuestro personaje favorito de la mente, cada canción que escuchamos nos recuerda a la saga, cada palabra nos recuerda las frases celebres y no podemos ver la tele sin pensar “Él/ella debió haber sido tal personaje para la película”.
Y simplemente no podemos evitarlo.
Si no les importa, déjenme comentarles una pequeña experiencia surrealista. Pero vaya que fue pequeña…
Un día normal, asquerosamente soleado y lleno de calor, yo, pobre e indefensa (jajaja XD, omitámoslo), iba sentada en un camión, cuando de pronto… veo a un Edward humano de 7 años subir al transporte. Un lindo, pequeño y tierno Edward estaba justo frente a mis ojos.
El niño subió con una enorme sonrisa buscando un asiento para él y el adulto que lo acompañaba. De seguro en ese momento yo parecía toda una asalta cunas, pues no fui capaz de quitarle la vista de encima al pobrecito.
Cabello broncíneo y desordenado; tez increíblemente pálida para estar en uno de los lugares más soleados de México; los rasgos inocentes y redondeados que le daban un aspecto aún más adorable; nariz perfecta; ojos… tal como imaginé que los tendría Edward cuando comenzara a sentir hambre, no completamente negros pero tampoco de ese color amielado, más castaños y dulces, tan grandes...
¡Oh, soy lo peor del mundo! Aún tengo tan claramente su rostro en mi mente, fui capaz de registrar cada rasgo con total perfección y aún soy capaz de recordarlos.
Edward a los siete años.
Surrealista, increíble, alucinante, pero cierto.
En parte me odio por ello, es decir ¡es sólo un niño!, y simplemente la forma en que lo miré… lo devoré por completo. La sorpresa y la fascinación no cabían en mi pequeño cuerpo.
Llámenme hentai si quieren, y sé que puede parecer algo morboso, mas en mi defensa, todo lo que digo es que no lo vi como niño, sino como la encarnación de un personaje.
En ese momento realmente fui conciente de la gravedad de las cosas, qué tan grande es el trauma. Ni yo misma soy capaz de creerlo en ocasiones.
Los vemos por las calles, en el comportamiento de otras personas, en memorias de nuestra propia infancia, en los profesores y las materias de la escuela (el semestre anterior vi mitosis y el ciclo de Krebs ¬¬), cuando está nublado piensas que en días como estos ellos podrían estar a tu lado, cuando ves un paisaje demasiado verde o incluso cuando tu Internet va tan lento que recuerdas la computadora de Bella… Ya alucinamos.




